domingo, 10 de marzo de 2013

El silencio de las aulas escolares


Lisbeth Leal


         Vivimos en una época moderna de avances tecnológicos, donde la era cibernética se apodera con rapidez de todos los sectores sociales y el sistema educativo ha evolucionado al recorrer de este siglo.

Pero noto con gran preocupación, que en medio de este crecimiento hay un grupo que se ha quedado a tras en silencio de las aulas, entre los gritos desesperados de un educador, en la cara fuerte de una directora, de una madre desconsolada y de un niño que no entiende porque no puede ser normal como los otros compañeros de clase.

 Los procesos de enseñanza y aprendizaje a manera de contenidos se deben transmitir sean captados o no por el estudiantado, hay un horario que cumplir una planeación, evaluaciones semanales y se espera como resultado un rendimiento escolar que alcance las expectativas de una institución.

Pero qué pasa con aquellos que se quedan atrás, que no captan igual, que su aprendizaje es más lento, que pasa con las niños retraídos o intranquilos que se pasean por el salón como si fuera un parque de  diversiones; ellos son llamados “niños problemas”, etiquetados, criticados, expulsados de instituciones, perseguidos por coordinadores, educadores, señalados por compañeros, rechazados, los pasillos se vuelven buenos para escuchar el murmullo de maestros hablando de lo insoportables que son.

Por qué si todo evoluciona, el sistema educativo se queda atrás solo fijando enseñanzas, con índices académicos  elevados que le sierran puertas y oportunidades a  aquellos que lejos de ser malos estudiantes presentan algún tipo de problema para alcanzar estas exigencias.

Es hora de hacer un alto y hacer uso de las ramas que pueden ayudar a estos pequeños para que puedan ser incluidos en una sociedad cambiante y acelerada. Son pocas las instituciones que abordan estas necesidades el núcleo educativo puede estar compuesto por psicopedagogos, psicólogos, terapeutas ocupaciones, terapeutas de lenguaje, neurólogos que están debidamente capacitados para orientar la conducta del los niños sus bajos rendimientos escolares y sean estos mismos lo que puedan diagnosticar si uno de ellos padece de déficit de atención, retardos, dificultad para el aprendizaje, impulsividad , entre otros, además de  dar una orientación debida a los padres de cómo poder ayudarlos y de esta forma la institución, los educadores, los padres y los alumnos puedan trabajar juntos para desarrollar hombre y mujeres que sean útil a la sociedad.

Sé que suena muy bonito, pero no es imposible, amado lector busca ayuda para tu hijo, amada maestra ve más allá de tu educación, a los dueños de educaciones privadas vallan más allá de sus propios intereses, directores y coordinadores sean útiles para sus instituciones dando la mano a un niño y ayúdale a crecer, al gobierno estudien con profundidad el sistema educativo.

Todos podemos contribuir al crecimiento de nuestra nación y por ende al mundo, en cada chiquillo hay un futuro,  juntos podemos lograr que sean hombres de bien o que se queden a tras en el camino.

Llamado a la sensibilización

Aura Y. Herrera, Psicopedagoga

Es necesario como maestros (as) sensibilizarnos al trabajar con niños (as)  con alguna diversidad funcional en nuestro ambiente de trabajo.

En el subsistema de educación primaria nuestros niños y niñas durante años han sufrido una dolorosa realidad y es la de tener que adaptarse siempre a la metodología y estrategia del docente, el cual en su mayor parte lo dirige al resto del grupo quedando sin cubrir sus necesidades e intereses individuales, llevando al escolar a una sensación de frustración, rabia, apatía que muchas veces lleva a una deserción escolar.

Ya es tiempo de hacer un alto en nuestras praxis educativas y comenzar un cambio en pro de nuestros niños (as) con algún tipo de diversidad funcional.

Mi invitación es a amar lo que hacemos, ser tolerantes y llevar un espíritu innovador, buscando así estrategias novedosas que puedan motivar a nuestros pequeñines.
Aura Y. Herrera 

sábado, 9 de marzo de 2013

Dificultad del habla en los niños


     La familia, la escuela y el medio en general, son quienes realmente influyen y hacen a un ser humano más o menos capaz para hablar y desenvolverse en su medio. Cada una, a su vez, influye de una manera particular, marcando las bases para el desarrollo y desenvolvimiento futuro del individuo, tal como ocurre con el influjo familiar, cuya importancia es mucho más crucial para los niños con trastornos del habla.


     Bajo esta consideración, abordaremos la situación del niño con defecto del habla, tanto en la familia como en la escuela, para finalmente referirnos a las actitudes que dichos niños asumen frente a su lenguaje y a los demás, condicionando su grado o nivel de ajuste o adaptación al medio en el que interactúan.

Normas para el desarrollo del habla


Las siguientes normas sobre el desarrollo pueden servir de guía:

Antes de los 12 meses: Es importante que a los niños de esta edad se les observe a fin de detectar indicadores de que utilizan la voz para relacionarse con el entorno. El balbuceo es una fase inicial del desarrollo del habla. Cuando los bebés crecen (a menudo en torno a los nueve meses), empiezan a unir sonidos, a incorporar las distintas entonaciones del habla y a decir palabras como "mamá" y "papá" (sin entender realmente lo que significan).

Entre los 12 y los 15 meses: Los niños de esta edad deberían tener un amplio abanico de sonidos en su balbuceo (como p, b, m, d, o n), empezar a imitar y aproximarse a sonidos y palabras emitidos por los miembros de sus familias y típicamente decir una o más palabras (excluyendo "mamá" y "papá") de forma espontánea. Los nombres suelen ser los primeros, como "bebé" y "pelota". El niño también debería entender y seguir instrucciones de un solo paso ("Por favor, pásame el juguete", por ejemplo).

De los 18 a los 24 meses: Aunque hay una gran variabilidad, la mayoría de niños dicen unas 20 palabras cuando tienen aproximadamente 18 meses y unas 50 o más cuando cumplen dos años. En torno a esta edad, los niños empiezan a combinar dos palabras en frases muy simples, como "bebé llorar" o "papá grande". Un niño de dos años debería poder identificar objetos de uso común, dibujos de tales objetos, indicar sus propias partes del cuerpo cuando alguien se las señala y seguir instrucciones de dos pasos (como "Por favor, recoge el juguete y dámelo").

De dos a tres años: Los padres suelen presenciar una "explosión" en el habla de su hijo. El vocabulario de su pequeño debería crecer considerablemente (demasiadas palabras para contarlas) y el niño debería combinar de forma sistemática tres o más palabras en frases más largas. Su comprensión también debería mejorar; con tres años, un niño debería empezar a entender qué significa "ponlo en la mesa" o "ponlo debajo de la cama". El niño también debería empezar a identificar colores y a entender conceptos descriptivos (grande frente a pequeño, por ejemplo).

La diferencia entre el habla y el lenguaje


El habla y el lenguaje suelen confundirse entre sí, pero hay una diferencia importante entre ambos:

  • El habla es la expresión verbal del lenguaje e incluye la articulación, que es el modo en que se forman los sonidos y las palabras.
  • El lenguaje es mucho más amplio que el habla y abarca el sistema completo de expresar y recibir información de una forma coherente. Se refiere a entender y ser entendido a través de la comunicación, sea verbal, no verbal o escrita.

      A pesar de que los problemas relacionados con el habla y con el lenguaje difieren, a menudo se combinan entre sí. Un niño con un problema de lenguaje puede pronunciar correctamente las palabras pero ser incapaz de combinar más de dos palabras en una frase. El habla de otro niño puede ser difícil de entender, aunque sea capaz de utilizar palabras y frases paras expresar sus ideas. Y otro niño puede hablar bien y con claridad pero tener dificultades para seguir instrucciones.

Señales de alarma de un posible problema


Si los padres se preocupan por el desarrollo del habla y del lenguaje de su hijo, he aquí algunos de los aspectos en que deberían fijarse.

Un niño que no reacciona al sonido o que no vocaliza sería un buen motivo de preocupación. Entre los 12 y los 24 meses, otros motivos de preocupación incluyen los siguientes:

• Con 12 meses, no utiliza gestos, como señalar o despedirse con la mano
• Con 18 meses, prefiere comunicarse con gestos, en vez de con vocalizaciones
• Con 18 meses, tiene dificultades para imitar sonidos
•tiene dificultades para entender comando verbales simples

Solicitar  una evaluación profesional de un niño de más de dos años si:

• Solo imita el habla o los actos ajenos pero no genera palabras o frases de forma espontánea
• Solo produce determinados sonidos o palabras de forma repetida y no puede utilizar el lenguaje oral para comunicar más que sus necesidades inmediatas
• No puede seguir instrucciones simples
• Tiene un tono de voz o una pronunciación extraña (áspera o nasal, por ejemplo)

      Cuesta más entenderle de lo que sería esperable por su edad. Los padres y cuidadores habituales deberían entender la mitad del habla de un niño de dos años y aproximadamente tres cuartas partes del habla de uno de tres años. Con cuatro años, a un niño se le debería entender prácticamente todo, incluso personas que no lo conocen.

Causas del retraso del habla o del lenguaje


Muchos factores pueden provocar retrasos en el desarrollo del habla y del lenguaje. Los retrasos del habla en un niño que en otras facetas se desarrolla con normalidad pueden estar provocados por problemas orales (relacionados con la boca), como los problemas en la lengua o en el paladar. Un frenillo corto (el pliegue que hay debajo de la lengua) puede limitar los movimientos linguales para la producción del habla.


Muchos niños con retrasos del habla tienen problemas orales motores, lo que implica la existencia de una comunicación ineficaz en las áreas cerebrales responsables de la producción del habla. Por ejemplo, hay niños que tienen dificultades para utilizar y coordinar los labios, la lengua y la mandíbula a fin de producir los sonidos del habla. El habla puede ser el único ámbito afectado o puede ir acompañado de otros problemas orales motores, como las dificultades para alimentarse. El retraso del habla también puede ser una parte (en vez de indicar) de un problema más "global" (o general) de retraso del desarrollo.

Los problemas auditivos también suelen estar relacionados con los retrasos del habla; por lo tanto, cuando un padre está preocupado por el habla de su hijo, a este siempre se le debería evaluar la audición, llevándolo a un audiólogo. Un niño con problemas auditivos puede tener problemas para articular, así como para entender, imitar y utilizar el lenguaje.

Las infecciones de oído (otitis), sobre todo las de carácter crónico, pueden repercutir sobre las capacidades auditivas de un niño. Pero una sencilla infección de oído que ha recibido el tratamiento adecuado no debería tener ningún efecto sobre el habla del niño.